Cuando uno se decide por la docencia sabe que es un compromiso para toda la vida y que se alimenta del día a día, sobre todo de los aprendizajes y las experiencias. Imaginemos el platillo que más nos gusta...¡si! ese que sabemos que nos fascina y que esperamos por comerlo en algún momento, se ve maravilloso, limpio, perfecto, con colores llamativos...pero al probarlo le falta algo: sazón.
Si usamos esta analogía del platillo con una sesión de docencia, sabemos que el sazón es igual a la motivación y que sin esta nuestra acción se verá opacada.
Es muy fácil escribirlo ¿verdad? Parece una palabra más para añadir al diccionario de la vida docente, pero realmente es tan relevante que se ve afectada por factores positivos o negativos y que nosotros debemos ser capaces de reconocer para actuar ante ambos y mantener la sazón en nuestra docencia.
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